Kong: Un paseo a la isla de la calavera

La nueva entrega es una buena historia para ver el fin de semana en la casa.

Por Lama (@LAMAdridalfredo)

Hace tiempo no íbamos al cine Ruso, Salfate y yo. El mismísimo maestro nos invitó y sumó al grupo a su joven heredero Lukas para ver lo nuevo del Rey Kong, y sí, es todo nuevo en esta película. Para empezar nos equivocamos de cine, aunque no lo crean estas cosas pasan y te sientes como un idiota. No era en el cine del Plaza Egaña, era en el Hoyts de La Reina y para colmo mientras esperaba al Ruso y Salfate, en el lugar equivocado, me llamó Shazam para decirme: “¿estay seguro que es en ese cine? Ahí es Transpotting…  se están equivocando, te guardo un puesto acá, nos vemos”. Le corté el teléfono y pensé: “está hablando puras charadas este gordo como diría el Tío Claudio”. 

Llegó el maestro junto a su padawan Lukas y un poco después Ruso, al asomarnos a la sala la realidad nos golpeó, era la función de Trainspotting, el gordo tenía razón. Nos cambiamos de cine, aún teníamos tiempo para llegar y logramos entrar rápidamente a la Sala. La función sería en 3D y por suerte lo lentes quedaban bien sobre mis potobotella.

Salfate a Diferencia de Shazam prefiere sentarse casi al final de la sala. Una cosa de gustos. Todo listo para la función. Kong es una película diferente a lo que hemos visto anteriormente, es un film de acción, explosiones y monstruos que se sitúa entre 1944 y 1976 aprovechando de mostrar el momento político y militar de EE.UU manejado por Richard Nixon.

Fui con altas expectativas por culpa de un par de buenas críticas y salí con la misma sensación que tuve cuando nos equivocamos de lugar, aunque esta vez Hollywood se había perdido con nosotros. La película tiene buenas secuencias de acción, una fotografía que la acompaña en todo momento y un King Kong digital hecho con mucho cariño, pero no termina de convencer.

El hecho de verla en 3D no le suma ni le quita a la experiencia, lo que me te mata es el público, la gente. A mi lado había un “respirador”, que es uno de esos tipos que al exhalar por la nariz hace ver a Darth Vader como un asmático promedio. Además, conversaba con su polola siempre en los silencios del film, era como un acto premeditado, aunque siendo honesto en algunas partes daba como para ponerse a conversar.

Cuando terminó nos encontramos con Shazam que como siempre se había sentado casi en la primera fila, gozaba porque nos equivocamos de cine y nos hizo ver innumerables veces que él tenía la razón. Estaba con Dr. Malo, Camila y Córdova (ese es su nombre a secas, como Cher), este último nos contó que el gordo roncó más fuerte que Kong al inicio del filme, pero lo entendemos, trabaja mucho por eso estaba cansado.

El look de la película en algunas partes imita el trabajo de Francis Ford Coppola.

Mientras comentábamos el film Salfate dijo: “esto es como King Kong vs Apocalipsis Now”, y tiene razón, hay guerra y mucho del viejo y querido Francis Ford Coppola. Shazam agregaba: “es linda, una linda película”, Dr. Malo aseguraba que: “es una película de monstruos y hay que verla con esos ojos, no se le puede pedir más”. Gonzalo Oyanedel decía lo mismo, “una película de matiné, no es más que eso” y a veces hay que entender que no se le puede exigir tanto, aunque siento en lo más profundo de mi ser que a Kong sí, y harto. Tal vez es porque cuando llegó el TV cable a mí vida la cinta del gran gorila de 1933 fue la primera que vi, antes me había maravillado con la de 1976 y hace poco vi la Peter Jackson, que ha ido ganando con los años.

Ruso nos hacía ver dos puntos; el primero que les faltaba back story a los personajes y que sus motivaciones no eran suficientes para embarcarse en esta aventura. El segundo, es que Kong estaba capado, más liso que el Ken de la Barbie y eso que hay muchas tomas en que podemos verlo de cuerpo completo, o sea en todo su esplendor físico.

Mención aparte para el gran John C. Reilly que siempre pone una cuota de humor con sus intervenciones y para Samuel L. Jackson que como dijo Shazam: “le deberían dar un premio por siempre actuar de él mismo”. Habían sido dos horas de película, además tiene una escena post de sus largos créditos para unirla con Godzilla, el fin de contar esta historia es poder enfrentarlos en una mega producción en unos años más. Antes de separarnos todos, el maestro me dijo: “esta película es como esos muebles hágalo usted mismo, siempre te sobran pernos, tornillos y piezas. Esto es lo mismo”. Si quieren comer cabritas, pasar un rato agradable, y porque no timbrar, vayan a ver al nuevo King Kong y no se equivoquen de cine aunque sientan durante la función que se extraviaron en la isla de la calavera.

Sé el primero en comentar

Deja tu opinión

Tu dirección de email no será revelada.


*