Cuando James Bond era chileno

Por Claudio Alvarez (@claudioalvarez)

Para muchos, los años sesenta (y buena parte de los setenta), son considerados como la época de oro del cómic chileno. Empujada por la producción masiva de revistas, gracias a casas editoriales como Lord Cochrane, Dilapsa, Zig Zag y su sucesora Quimantú, entre otras, la escena chilena exhibía no sólo cifras de venta abultadas, sino que su producción era exportada a otros países del cono sur. En ese escenario, proliferaron no sólo una cantidad importante de dibujantes nacionales, sino títulos para todos los gustos. Entre ellos, uno que tenía “licencia para matar“.

La edición de material extranjero en Chile no era una rareza. Tiras de historieta publicadas en diarios y revistas, cómics por capítulos, e incluso series de la King Features Syndicate (Flash Gordon, El Fantasma, entre otras),y títulos como S.O.S, Trinchera y U-2, licencias de la editorial inglesa Fleetway, formaban parte del panorama habitual de los kioscos.

Fue así como Zig-Zag decidió ir un paso más allá. A seis años de que James Bond explotara en el cine con “Dr. No“, encarnado por Sean Connery, la editorial consiguió una licencia especial de Glidrose Publications para producir en Chile la revista “007, James Bond“: esta vez no se trataría de la reimpresión de material extranjero, sino de historias originales, escritas y dibujadas en Chile. La labor creativa recayó en el artista chileno Germán Gabler, quien tenía una ventaja respecto de sus pares: su dominio del inglés.

“Fui encargado por la Directora del Departamento de Historietas, para desarrollar la revista. La razón era muy simple. A ese momento no habían aparecido en el mercado todas las novelas de Ian Fleming en castellano. Como yo sabía inglés, podía traducir los originales sin problemas. Además, Elisa Serrano confiaba en mí como una persona con criterio moderno, lo que era necesario para reflejar las tendencias del momento en el mundo de James Bond. Esto es, las tenidas, los automóviles, etc.”, recordó Gabler hace unos años en el portal Ergocomics.

La revista contó con los guiones y dibujos de Gabler, quien adaptó las historias de Fleming y escribió sus propias creaciones a partir del material original. Asimismo, artistas como Hernán Jirón, Lincoln Fuentes, Óscar Vega (Oskar)Luis Ávila, y Abel Romero fueron parte del equipo de dibujantes. Este último ilustró algunas de las portadas más memorables de la serie (Romero comentaba que iba a dibujar al cine, para asegurarse de captar bien el aspecto de Connery).

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El James Bond chileno fue un éxito en su época, y sus revistas llegaron a Argentina, Perú y Paraguay. Finalmente, y tras 58 números, el agente con licencia para matar no fue derrotado por uno de sus excéntricos enemigos, sino por el cambio de los vientos políticos. Con la llegada del gobierno de la UP en 1970, el agente al servicio de su Majestad fue visto como un representante no deseado del imperialismo. Así las cosas, la colección fue cancelada.

Años más tarde (en 1974, para ser precisos), Gabler intentaría repetir la fórmula, esta vez con el título de “Killer“, en una serie de la que sólo se publicaron nueve números, y donde Sean Connery fue reemplazado por… Charles Bronson.

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¿Qué te parece el James Bond chileno? ¿Tienes alguna de sus revistas?

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